


Lugar sagrado y casi mágico unido a la tierra por un estrecho puente construido sobre las rocas que quedaron entre la isla y tierra firme, y cuyo acceso final son 231 escaleras que llevan hasta la ermita (s. X), lugar de peregrinación para muchos marinos y de imprescindible visita para admirar uno de los más espectaculares paisajes de toda la costa cantábrica. Este inolvidable enclave se encuentra entre Bakio y Bermeo, dentro del biotopo de San Juan de Gaztelugatxe, espacio natural protegido de alto valor ecológico. Buscando el norte, y dejando a un lado el prominente y solitario peñón de Aketze, se llega al Cabo Matxitxako, proa de Bizkaia y cuyo faro es referencia para todos los barcos que se aproximan a la costa vasca.